Sobre la diversión...




Divertirse consiste principalmente en la satisfacción de consumir y de ‘tomar’: mercancías, paisajes, alimentos, bebidas, cigarrillos, personas, conferencias, libros, películas, todo es consumido, tragado, engullido.

(...)

¿En qué consiste esa diversión? En ir al cine, a los eventos sociales, a los partidos de pelota, en escuchar la radio y ver la televisión, en dar los domingos un paseo en automóvil, en hacer el amor, en dormir hasta tarde las mañanas de los domingos, y en viajar para quienes pueden permitírselo. Si empleamos una palabra más respetable, en vez de ‘diversión’ y de ‘un buen rato’ podemos decir que el concepto de felicidad se identifica, en el mejor caso, con el de placer. Teniendo en cuenta nuestro estudio del problema del consumo, podemos definir el concepto un poco más exactamente, como el placer del consumo ilimitado, de la capacidad para oprimir un botón, y de la holganza.

Desde este punto de vista, podría definirse la felicidad como lo contrario de la tristeza o de la pena, y en realidad las personas corrientes definen la felicidad como un estado espiritual libre de tristeza o pena. Pero esta definición revela que hay algo profundamente erróneo en ese concepto de la felicidad. Una persona vivaz y sensible no puede dejar de estar triste o de sentir pena muchas veces en su vida. Ello no sólo es así a causa de la cantidad de dolor innecesario producido por la imperfección de nuestros dispositivos sociales, sino a causa del carácter de la existencia humana, que hace imposible no reaccionar ante la vida con una buena dosis de pena y dolor. Como seres vivientes, tenemos que darnos cuenta con tristeza del abismo que media entre nuestras aspiraciones y lo que puede conseguirse en nuestra breve y accidentada vida.

(...)

Si queremos definir la felicidad por su contrario, debemos definirla no en contraste con la tristeza, sino en contraste con la depresión.

¿Qué es la depresión? Es la incapacidad para sentir, es la sensación de estar muerto, aunque esté vivo nuestro cuerpo. (...) Una persona deprimida recibiría gran alivio si pudiera sentir tristeza.

(...)

El hombre de hoy puede tener una buena cantidad de diversión y de placer, pero, a pesar de eso, estar fundamentalmente deprimido. Quizás se aclare la cuestión si en vez de usar la palabra ‘deprimido’ usamos la palabra ‘aburrido’. En realidad, hay poca diferencia entre ambas, salvo la diferencia de grado, porque el aburrimiento o tedio no es más que la sensación de la parálisis de nuestras potencias productoras y de la falta de vida. (...)

Puede evitarse de dos maneras: ya fundamentalmente, siendo productivo, sintiendo así felicidad; ya tratando de evitar sus manifestaciones. Este último intento parece caracterizar la carrera tras la diversión y el placer del individuo ordinario de hoy. Siente su depresión y aburrimiento, que se hace manifiesto cuando está a solas consigo mismo o con las personas más allegadas a él. Todas nuestras diversiones sirven al propósito de facilitarle la huida de sí mismo y del tedio amenazador, refugiándose en los muchos caminos de escape que nuestra cultura le ofrece, pero el ocultar el síntoma no pone fin a las condiciones que lo producen.


Erich Fromm, Psicoanálisis de la sociedad contemporánea

Comentarios

Edgar dijo…
Ese libro es buenísimo.
Es cagado, a veces cuando alguno de ustedes escribe algo en su blog, yo suelo estar leyendo o escuchando algo relacionado con lo que pusieron. En este caso, hace un rato, estaba acomodando mis libros y me entretuve un momento con uno de Fromm.
Hay una palabra que me gusta mucho: anhedonia, que es "estar incapacitado para experimentar placer".

Si la felicidad es consumir, pues qué fácil es vivir.

El problema es el el tamaño del hambre.
Hay una palabra que me gusta mucho: anhedonia, que es "estar incapacitado para experimentar placer".

Si la felicidad es consumir, pues qué fácil es vivir.

El problema es el el tamaño del hambre.