Mensajes



Los mensajes por celular me parecen (ahora) una forma falsa de relación humana. En realidad, lo único humano que queda en un mensaje es el saber que una persona se tomó algunos minutos en redactarlo para comunicarnos una idea (aunque no tengamos ninguna otra experiencia de la persona como tal). Podemos caer (y de hecho lo hacemos) en el error de fundamentar en algún grado nuestras relaciones personales en el mensaje de celular.

Como invento tecnológico es útil y barato, como herramienta social su utilidad es muy limitada (aunque no deje de tener alguna), pero como forma de relación humana es francamente falaz.

Se usa el mensaje principalmente cuando se quiere comunicar una trivialidad: concertar una reunión, recordarle algún asunto a otro (como no olvidar comprar leche en el supermercado, o hacer una tarea para la clase de mañana). También se usa para comunicar una emergencia. En general, ofrece un tipo de comunicación que, por su inmediatez, resulta ventajoso. Sin embargo, también se da el caso (con bastante frecuencia) en el que el celular se convierte en un sustituto del encuentro personal. Uso el mensaje para transmitir (o intentar hacerlo) mis deseos, miedos, angustias, expresar, en suma, mis afectos a otra persona. Debido a que no tengo (tenemos) tiempo para el encuentro personal, con toda la riqueza que lleva consigo, me conformo con usar la forma deshumanizada y “fetichista” del mensaje por celular, al grado que llega a ser un auténtico sustituto de mi relación con otro.

Estrictamente hablando, poco importaría que fuera una persona o la misma máquina la que me responde el mensaje; en cuanto obtengo una respuesta por la misma vía (los mensajes suelen llamarse técnicamente “de dos vías”) me considero satisfecho. Más aún, el hecho de que lo mismo me dé “comunicarme” con otro en persona o por mensaje, indica el grado de enajenamiento de mis relaciones con otros; es decir, qué tan acostumbrado estoy a relacionarme con otros no como sujetos, sino como objetos.



La sustitución del encuentro personal por el encuentro “celular”, por llamarlo de alguna forma, da cuenta del grado de cosificación que hago de los demás: dado que los otros son para mí un fin para obtener algún beneficio (sin importarme en lo absoluto sus subjetividades), y no fines en sí mismos, poco importa que mis demandas les lleguen directamente o a través del mensaje, mientras me asegure de que les llegan para obtener el fin que deseo. Al cambiar mi relación de un objeto a otro, no sufro mucho en el proceso.

Creo que es necesario aclarar que me refiero aquí no a todo uso de los mensajes por celular; como ya anoté, tienen una utilidad al ofrecer un modo inmediato de intercambio de información. El uso que cuestiono es aquel en el que, por aquello que quiero transmitir, se hace necesario el encuentro personal: tener al otro enfrente para que escuche y sienta la entonación de mi voz, mi expresión facial, los movimientos de mi cuerpo, etc., a la vez que yo puedo ver su reacción a mis palabras, y observar su propia forma no verbal de expresarse. En otras palabras, para que podamos experimentar recíprocamente nuestras subjetividades.

Recuerdo que hace algún tiempo escuché en el radio el caso de un adolescente que gastó una cantidad asombrosa de dinero enviando mensajes de texto a todos los números que se le ocurrieron, incluyendo los de gente que le eran totalmente desconocidas. Haciendo una generalización que quizá resulte inapropiada, este caso de compulsión con los mensajes parece apuntar hacia la intensa soledad en que vive gran parte de los miembros de nuestras sociedades; soledad que no podemos satisfacer adecuadamente debido (en parte) a que seguimos relacionándonos con los otros como objetos, y a que los mecanismos culturales que apuntalan el sistema social no permiten la solución de nuestras necesidades específicamente humanas (como es la superación de esta soledad “moral”). Esta soledad sólo se puede superar mediante la relación productiva con los demás, lo cual requiere necesariamente renunciar a la cosificación de las personas.

DSS

Comentarios

Edgar dijo…
Realmente no dudo que haya personas que cimienten sus relaciones personales en la mensajería instantanea, yo, no conozco a ninguna que lo haga. En todo caso para tener el número de celular de alguién tienes que haber tenido contacto con esa persona.
En cuanto termine de escribir esto te voy a mandar un mensaje. Te va a divertir el contenido
pikgu dijo…
Además que generalmente son mensajes gramatical y sintácticamente incorrectos lo que los convierte en malentendido seguro.