Yo salí al revés.

Hubiese querido nacer con alguna gracia. Con genuina maña para escribir, por ejemplo. O con facilidad para la oratoria, o ya de perdida para la verborrea. O con habilidad para tratar con la gente. O con oído y algún talento para la música. O con chispa y simpatía, de esas que conquistan instantáneamente la buena disposición de los demás. Pero sucede que salí al revés. Sin más oficio para escribir que el que cualquier persona semiculta debe tener. A veces, incapaz de expresar mis ideas más pedestres en los términos más sencillos necesarios. Muchas veces, incapaz de decir nada interesante cuando quisiera decir todo lo que he pensado cien veces. Bastante torpe para tocar cualquier instrumento musical, no digamos ya componer algo que tenga alguna gracia u originalidad. A veces inexpresivo, malencarado; tan distraído que parece que todos me dan lo mismo. Tan ansioso, que no sé qué decir cuando debería decir algo. O digo algo cuando no debería decir nada. O de plano digo algo que no tiene nada qué ver. Y me doy cuenta. Sí me doy cuenta.Y pues nada, ya la regué.

Pero...

Denme al mundo, y lo mantendré bien ordenado. Funcionando eficientemente. Denme su agenda, y no llegarán tarde otra vez, ni faltarán por descuido a ningún otro evento. Denme sus cosas, e idearé cien formas distintas de mantenerlas organizadas: alfabéticamente, cronológicamente, en orden de relevancia, por tamaños, por colores... Yo lo planearé todo con días, semanas, meses, años de anticipación, según crea yo que hace falta. Rara vez me equivoco. Yo sabré cuándo pagar, llenar este o aquel papel, hacer este o aquel arreglo, llevar este o aquel documento a tal o cual lugar, todo de forma que nunca habrá otro trámite fracasado. Todo en tiempo y forma. Todo así, funcionando ordenadamente. Calladamente. De forma organizada. Sosa. Así, bien anodina. Nací con talento para el tedio y la rutina. Nací con el interés que despierta el sujetapapeles y la engrapadora. Nací con la gracia de un archivero.

Yo hubiese querido nacer con alguna gracia, pero salí al revés. Y pues ya, eso.


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