Was ist das für ein Licht, o Recuerdos de mi infancia Pt.1

La mayor parte de mi niñez la pasé en un departamento enorme en la colonia Del Valle.

Era un departamento de dos niveles: dos recámaras y baño completo arriba, medio baño, cuartito de servicio, cocina y una sala/comedor amplísimos abajo. Ambas plantas estaban alfombradas. Los escalones de la escalera eran de madera, pero mi mamá había mandado alfombarlos para que fuera uniforme con el resto del departamento. En la sala y comedor había unos ventanales de piso a techo que daban hacia una unidad habitacional de reciente construcción. Era una vista bastante interesante, si voy a ser sincero: me era fascinante observar de lejos las vidas de los vecinos. Con las luces apagadas, para que no se fueran a dar cuenta que los estaba observando.

El departamento estaba lejos de conservarse en buenas condiciones. Parte de un edificio demasiado viejo, largas y agotadoras disputas legales impedían a mi familia darle un mantenimiento siquiera suficiente a la propiedad. El yeso de los techos se caía a pedazos por la humedad. Las paredes estaban plagadas de agujeritos. La alfombra de los cuartos difícilmente podía estar más raída. Los anaqueles de aluminio de la cocina estaban bastante estropeados por el óxido.

El estampado de los sillones de la sala era más bien feo. De fondo guinda, con motivos florales naranjas y rojos. Eso sí, eran sillones muy amplios, o yo los veía así. Era un diseño muy propio de los años setentas. Mi mamá cubría los sillones con sábanas viejas "para que no se comiera los colores la luz del sol" que, dicho sea de paso, entraba a raudales por los ventanales. La mesa de centro era un mueble de plástico blanco y grueso, circular, donde guardábamos las enciclopedias y diccionarios enciclopédicos.

Una de las grandes alegrías de mi infancia era tumbarme sobre la alfombra de la sala, bajo los primeros rayos de sol de la mañana, para perderme entre las páginas de las enciclopedias. No eran las grandes obras, como la Encyclopaedia Britannica. No. No habríamos podido pagarlas. Eran colecciones como la Enciclopedia Temática Planeta o el Gran Diccionario del Saber Humano del Reader's Digest. Pero ahí aprendí cómo murió Álvaro Obregón, cómo Calles colgaba de los postes de telégrafos a los cristeros, por qué la Unión Soviética y los Estados Unidos estaban en perpetua disputa, cuál era el nombre de las eras geológicas, cuál era la estructura molecular del ADN y ARN, por qué fue decisivo que Mussolini marchara sobre Roma, cuál fue la dimensión de la tragedia de los sismos de 1985... Por alguna razón los libros de Historia y Biología capturaban fuertemente mi atención e imaginación.

Aún hoy reverberan en mi memoria muchas cosas que aprendí de esos benditos libros. No exagero si afirmo que ayudaron a forjar mi visión del mundo.

***

Mi cultura musical, hasta donde puedo recordar, tuvo sus raíces inequívocamente en mi padre.

Mi papá era un hombre que nunca logré entender. A pesar de vivir nominalmente en nuestro departamento, no puedo recordar que estuviera muy presente durante los años en los que, supuestamente, fue parte de la familia nuclear.

Cuando mi madre decidió que mi padre deba irse de la casa, lo único que él dejó tras de sí (aparte de la



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